Del cumplimiento a la cultura: las ideas que quedaron del EHSQ Executive Brief

September 29, 2026

El 24 de septiembre, en el Palácio Rosa, en Lisboa, el EHSQ Executive Brief reunió a profesionales de seguridad en torno a un desafío difícil, el de pasar del simple cumplimiento de las normas a una verdadera cultura de seguridad en las industrias de alto riesgo. El punto de partida fue una idea compartida por casi todos en la sala, la de que gran parte de las organizaciones ya ha digitalizado sus procesos, mantiene sus indicadores al día y supera auditorías exigentes, y aun así los accidentes graves siguen ocurriendo.

Vista así, la conformidad legal es el nivel mínimo, y la cultura es lo que se construye por encima. A lo largo de la sesión, responsables operativos y especialistas fueron trazando los caminos concretos para ese cambio, entre la lectura de los datos, la capacitación de las personas y las lecciones de otros sectores de riesgo elevado.

Medir lo que realmente importa y anticipar el peligro

La apertura corrió a cargo de Nuno Santos, de dss+ Consulting, que ofreció un diagnóstico directo sobre la madurez de la seguridad industrial, apoyado en el benchmark dss+360. Este retrato reúne más de 20 millones de registros recogidos a lo largo de doce años en 296 empresas de siete sectores de alto riesgo.

Los datos muestran una asimetría incómoda en el día a día de las fábricas, porque las organizaciones registran con detalle aquello que ven mejor y dejan fuera las señales menos visibles, que son precisamente las que más matan. Las caídas al mismo nivel, por ejemplo, suponen alrededor de una cuarta parte de todas las observaciones realizadas en el terreno, pero corresponden a apenas un 3% de las muertes, mientras que los riesgos ligados a vehículos y equipos móviles están entre los menos observados, a pesar de encabezar los accidentes mortales.

El desafío central que dejó Nuno Santos resume bien lo que está en juego, el de cambiar el recuento de lo que se ve por la lectura de las señales que pueden matar, o en sus propias palabras, «Stop counting what you can see. Start reading what can kill.» En el fondo, todo el mundo tiene una historia de algo que estuvo a punto de ocurrir, y la diferencia está en crear el espacio para escucharla en lugar de acumular observaciones que nadie llega a analizar. Es de ese espacio de donde nace la posibilidad de frenar el próximo accidente antes de que ocurra, y no solo de explicarlo después.

La seguridad como compromiso colectivo de la organización

Este cambio de enfoque, de las métricas al comportamiento real, se profundizó en la mesa redonda moderada por Matilde Rodrigues, docente en la Escuela Superior de Salud del Politécnico de Oporto (E2S). El panel insistió en la necesidad de romper los silos entre funciones, para que tratar un cuasiaccidente pase a involucrar a toda la empresa y no solo al departamento de seguridad.

Elsa Ribeiros, de Calb Group, subrayó que los trabajadores de primera línea no deben verse como meros receptores de formación y, reconociendo el camino recorrido en las últimas dos décadas, defendió que la madurez cultural pasa por confiar en quienes están en el terreno y darles espacio para orientar e influir en sus compañeros.

Manuel Gonçalves, de Altri, aportó la prueba desde la experiencia, contando cómo la ampliación del análisis de incidentes a los distintos departamentos, y no solo al equipo de seguridad, hizo caer el peso del factor humano de más de un 80% a alrededor de un 40%. Sin embargo, cuando esa implicación perdió continuidad, el indicador volvió a subir enseguida, señal de que movilizar a todos exige constancia y no puede ser un esfuerzo puntual.

En la misma línea, Jayne D'Silva, de OpenSesame, recordó que la formación genérica, pensada para cumplir un requisito de vez en cuando, cambia poco los comportamientos, y que lo que marca la diferencia es un aprendizaje ligado a la tarea concreta de cada persona y construido con quienes están en el terreno, y no solo para ellos.

Calidad analítica en lugar de acumulación de datos

Howard Harvey, de 3E, quiso separar el volumen de datos de su calidad, recordando que una buena decisión no viene de la cantidad de registros guardados, sino de la capacidad de encontrar y usar los datos correctos en el momento en que se necesitan.

El problema de muchas organizaciones no es la falta de registros, es la dificultad de organizarlos e interpretarlos, y por eso los paneles llenos de gráficos y los informes extensos dan una sensación de control que se desvanece cuando surge un incidente real. Lo que protege a quien está en el terreno es la rapidez con la que un dato importante se convierte en acción.

La salvaguarda de quien trabaja en aislamiento

La madurez de una cultura de seguridad también se mide por la atención a quienes trabajan lejos de compañeros y jefes. Duarte Dias, de INESC-TEC, presentó s2IO, un proyecto desarrollado con Glartek y pensado para proteger a quien opera en aislamiento, que combina la localización dentro y fuera de las instalaciones, la detección automática de caídas y las peticiones de ayuda inmediatas para acortar el tiempo entre el accidente y el auxilio, la distancia más crítica de todas.

Las lecciones de la aviación civil y la cultura no punitiva

Ningún sector ha convertido el error humano en aprendizaje como la aviación civil, y fue José Correia Guedes, autor y antiguo comandante de aviación, quien mostró hasta dónde puede llegar ese camino.

Esa disciplina nació de tragedias, con especial mención al desastre de Tenerife en 1977, que obligó a repensar la forma en que las tripulaciones se comunican y deciden bajo presión. De ahí quedaron prácticas hoy imprescindibles, como la comunicación estandarizada en la que cada instrucción se confirma y nada queda al criterio de cada uno, un gradiente de autoridad más bajo que da a cualquier miembro de la tripulación el deber de cuestionar una maniobra insegura, y el reconocimiento de la fatiga como un riesgo que hay que tomar en serio.

La lección más transformadora para la industria, sin embargo, es la de la cultura no punitiva, aquella en la que asumir el propio error se acoge como una forma de reforzar el sistema y no como motivo de sanción. Es esa ausencia de culpa la que explica por qué, en la aviación, casi nada queda sin reportar, y es su falta la que mantiene tantos cuasiaccidentes sin contar en la planta y en el resto del terreno industrial. Vencer ese temor es el paso que falta para que los cuasiaccidentes dejen de ser secretos y pasen a orientar la mejora de toda la organización.

Conclusión

El mensaje que atravesó todo el EHSQ Executive Brief es sencillo, el de que pasar del cumplimiento de las normas a una cultura de seguridad viva depende de la voluntad de escuchar a quienes hacen el trabajo.  

Crear un entorno donde las personas señalen riesgos sin miedo a represalias, y transformar esas aportaciones en acciones concretas, es la base de ese cambio. Es en ese espacio de confianza mutua y rigor compartido donde proteger a quien trabaja deja de ser una cuestión de cumplir requisitos.

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